Estáis en la casa de vacaciones de los abuelos y del desván llegan ruidos extrañísimos. Tras armaros de valor y subir las escaleras, de repente empezáis a ver monstruos peludos de colores por todas partes. Parecen amistosos... ¡Pero también muy hambrientos! Tenéis que darles de comer con lo primero que encontréis. Comen de todo, pero parecen especialmente atraídos por los colores de los objetos.
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