La garza vuela sobre el cielo de Himeji mientras el Daimio, desde lo alto del castillo, contempla cómo se mueven sus sirvientes. Los jardineros cuidan del estanque, donde viven las carpas koi, los guerreros hacen guardia en las murallas y los cortesanos se amontonan en las puertas, suspirando por una audiencia que les acerque a los círculos más íntimos de la corte. Cuando anochece se encienden los faroles y los trabajadores vuelven con su clan.
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