Mientras estaba en funcionamiento, la estación de investigación imperial 37 (EII-37) albergó casi diez mil científicos e investigadores, trabajando de forma simultánea en una amplia gama de proyectos de carácter biológico y químico. Unos seis meses antes del estallido de la Última Guerra se interrumpió todo contacto con la EII-37. No hubo ningún mensaje de alarma. Tampoco se llegaron a usar sus cápsulas de emergencia. Lo único que llenó el vacío sideral fue una solitaria emisión automatizada en bucle: “La estación está bajo el protocolo de cuarentena. No se acerquen”.
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